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¡Ya falta menos!

** DE TANTAS TORPEZAS.

Tú dejaste de tener ganas. Ganas de tenerme, ganas de no tenernos nunca más. Ganas de perder el tiempo, de ser irresponsable, ganas de todo y yo tan torpe las acepté y creí que era cierto ese estado momentáneo de inapetencia que decías tener. Que torpe vida. Cuánto tiempo perdimos jurándonos que nos conocíamos como las palmas de nuestras manos, cuánto tiempo defendiendo que sabíamos leer entre líneas sin darnos cuenta que no había líneas que leer, cuánto tiempo queriendo ser complicados. Y un día tu dijiste “Te sigo” y yo olvidando que no tenia los labios pintados respondí: “Lo siento”.

¿Qué ocurre para dejarse de querer? Qué rompe el hilo, qué deja todo helado. Yo nunca lo entendí bien porque me convencí o soñé o decidí que no comprendía las razones por las que dos personas podían abandonarse, dejarse de querer o quererse toda la vida y estar diciéndose adiós. Y creyendo eso tú sacaste las maletas y empezaste a descolgar los trajes que dejaste de ponerte, despacio, a ritmo de bolero; a recoger las fotos, a aguardar las pastillas para dormir y así cada vez fue habiendo más hueco en tu lado del armario. Los marcos más desnudos. El botiquín más vacío y a ritmo de bolero, sentada yo veía la escena mientras pensaba que eso, tan sólo eso, dos frases: te sigo, lo siento. Rompieron el hilo o lo helaron todo irremediablemente. Que frágil y que ridículo también. Luego, cuando oí el ruido de las llaves chocar contra la mesa y dos segundos después el portazo entendí que dos personas podían abandonarse, dejarse de querer o quererse para toda la vida y decirse adiós simplemente por nada.

Mi boca se quedó aquel día callada y nunca más hablé contigo porque jamás te volví a ver. Te dejaste la espuma de afeitar, el pijama bajo la almohada, cerveza negra en la nevera que no ofrecí a nadie y que yo no bebí. Te dejaste, supongo, tus ganas de quererme en algún rincón de nuestro dormitorio porque no te fuiste con ellas y yo no te las quité y revisando la casa para ver si encontraba algo más descubrí que entre tantas cosas no te habías llevado nada mío.
Mayte.

Es un trocito de un
cuento que cuento y es increíble
lo que puede cambiar al contarlo sólo. Espero que os
guste.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Ei,soy Jose. Ya he leído y releído todas las cosillas que tienes por aquí colgadas. Debo dar la razón a quien me dijo que es una maravilla cómo escribes. Un placer pasar por aquí. A ver si escribes más cosillas. ;) Un besito!

Oscar dijo...

19 reglas para ser un buen escritor, espero que te sirvan de autoayuda Mayte, aunque no las necesites.

1. Lo primero hes conozer vien la hortografia.
2. Cuide la concordancia, el cual son necesaria para que Vd. no caigan en aquellos errores.
3. Y nunca empiece por una conjunción.
4. Evite las repeticiones, evitando así repetir y repetir lo que ya ha repetido repetidamente.
5. Use; correctamente. Los signos: de, puntuación.
6. Trate de ser claro; no use hieráticos, herméticos o errabundos gongorismos que puedan jibarizar las mejores ideas.
7. Imaginando, creando, planificando, un escritor no debe aparecer equivocándose, abusando de los gerundios.
8. Correcto para ser en la construcción, caer evite en transposiciones.
9. Tome el toro por las astas y no caiga en lugares comunes.
10. Si Vd. parla y escribe en castellano, O.K.
11. ¡Voto al chápiro!... creo a pies juntillas que deben evitarse las antiguallas.
12. Si algún lugar es inadecuado en la frase para poner colgado un verbo, el final de un párrafo lo es.
13. Por amor del cielo!, no abuse de las exclamaciones.
14. Pone cuidado en las conjugaciones cuando escribáis.
15. No utilice nunca doble negación.
16. Es importante usar los apóstrofo's correctamente.
17. Procurar nunca los infinitivos separar demasiado.
18. Relea siempre lo escrito, y vea si palabras.
19. Con respecto a frases fragmentadas

valakirka dijo...

Lo he leído tres veces y me ha parecido leer tres historias distintas... ¡fantástico!

Un beso ARTista,

Mari.

Oscar dijo...

No conozco a los hombres. Años llevo
De buscarles y huirles sin remedio.
¿No les comprendo? ¿O acaso les comprendo
Demasiado? Antes que en estas formas
Evidentes, de brusca carne y hueso,
Súbitamente rotas por un resorte débil
Si alguien apasionado les allega,
Muertos en la leyenda les comprendo
Mejor. Y regreso de ellos a los vivos,
Fortalecido amigo solitario,
Como quien va del manantial latente
Al río que sin pulso desemboca.

No comprendo a los ríos. Con prisa errante pasan
Desde la fuente al mar, en ocio atareado.
Llenos de su importancia, bien fabril o agrícola;
La fuente, que es promesa, el mar sólo la cumple,
El multiforme mar, incierto y sempiterno.
Como en fuente lejana, en el futuro
Duermen las formas posibles de la vida
En un sueño sin sueños, nulas e inconscientes,
Prontas a reflejar la idea de los dioses.
Y entre los seres que serán un día
Sueñas tu sueño, mi imposible amigo.

No comprendo a los hombres. Mas algo en mí responde
Que te comprendería, lo mismo que comprendo
Los animales, las hojas y las piedras,
Compañeros de siempre silenciosos y fieles.
Todo es cuestión de tiempo en esta vida,
Un tiempo cuyo ritmo no se acuerda,
Por largo y vasto, al otro pobre ritmo
De nuestro tiempo humano corto y débil.
Si el tiempo de los hombres y el tiempo de los dioses
Fuera uno, esta nota que en mí inaugura el ritmo,
Unida con la tuya se acordaría en cadencia,
No callando sin eco entre el mudo auditorio.

Mas no me cuido de ser desconocido
En medio de estos cuerpos casi contemporáneos,
Vivos de modo diferente al de mi cuerpo
De tierra loca que pugna por ser ala
Y alcanzar aquel muro del espacio
Separando mis años de los tuyos futuros.
Sólo quiero mi brazo sobre otro brazo amigo,
Que otros ojos compartan lo que miran los míos.
Aunque tú no sabrás con cuánto amor hoy busco
Por ese abismo blanco del tiempo venidero
La sombra de tu alma, para aprender de ella
A ordenar mi pasión según nueva medida.

Ahora, cuando me catalogan ya los hombres
Bajo sus clasificaciones y sus fechas,
Disgusto a unos por frío y a los otros por raro,
Y en mi temblor humano hallan reminiscencias
Muertas. Nunca han de comprender que si mi lengua
El mundo cantó un día, fue amor quien la inspiraba.
Yo no podré decirte cuánto llevo luchando
Para que mi palabra no se muera
Silenciosa conmigo, y vaya como un eco
A ti, como tormenta que ha pasado
Y un son vago recuerda por el aire tranquilo.

Tú no conocerás cómo domo mi miedo
Para hacer de mi voz mi valentía,
Dando al olvido inútiles desastres
Que pululan en torno y pisotean
Nuestra vida con estúpido gozo,
La vida que serás y que yo casi he sido.
Porque presiento en este alejamiento humano
Cuan míos habrán de ser los hombres venideros,
Cómo esta soledad será poblada un día.
Aunque sin mí, de camaradas puros a tu imagen.
Si renuncio a la vida es para hallarla luego
Conforme a mi deseo, en tu memoria.

Cuando en hora tardía, aún leyendo
Bajo la lámpara luego me interrumpo
Para escuchar la lluvia, pesada tal borracho
Que orina en la tiniebla helada de la calle,
Algo débil en mí susurra entonces:
Los elementos libres que aprisiona mi cuerpo
¿Fueron sobre la tierra convocados
Por esto sólo? ¿Hay más? Y si lo hay ¿adonde
Hallarlo? No conozco otro mundo si no es éste,
Y sin ti es triste a veces. Ámame con nostalgia,
Como a una sombra, como yo he amado
La verdad del poeta bajo nombres ya idos.

Cuando en días venideros, libre el hombre
Del mundo primitivo a que hemos vuelto
De tiniebla y de horror, lleve el destino
Tu mano hacia el volumen donde yazcan
Olvidados mis versos, y lo abras,
Yo sé que sentirás mi voz llegarte,
No de la letra vieja, mas del fondo
Vivo en tu entraña, con un afán sin nombre
Que tú dominarás. Escúchame y comprende.
En sus limbos mi alma quizá recuerde algo,
Y entonces en ti mismo mis sueños y deseos
Tendrán razón al fin, y habré vivido.

Luis Cernuda